El día que te hayas ido, mamá, quedarán las palmadas que dabas en el aire y en tu cuerpo para alentarnos a Ale y a mí cuando habíamos hecho algo bien. Quedarán nuestros almuerzos de domingo en “Subs”. Los maravillosos mixtos del “hoyo 19”. Nicola di Bari a todo volumen. Francisco Eguiguren y su sala de estar. Recordaré tus saltos en el aire, tus ataques de risa, tus poemas, tu amor incondicional. Quedará la honestidad. Las puertas que alguna vez nos tiramos en nuestras caras, y los abrazos que vinieron después. Quedará el olor a torta de chocolate, los lápices bien tajados. Quedarán tus constantes llamadas, también las que no te pude contestar. Quedará el remordimiento de no haberte abrazado lo suficiente, quedará esa sensación que quizás tenemos todas las hijas, de no haber sabido a nuestras madres honrar. Quedarán los números, el orden. Te veré cada vez que me ponga a limpiar (especialmente el baño). Te recordaré en el olor a caricia de la ropa, en el cuidado personal. Me encontraré contigo cada mañana cuando corte la fruta sin tocarla: la papaya y el plátano que encima va. Se llenarán mis ojos de lágrimas y al mismo tiempo, sonreiré. Te veré en el volar de cada gaviota, en cada caminata a la roca, en cada palabra que escuche en alemán. Cuando hable en francés, ahí estarás. Y en cada visita a París, cómo poderte olvidar. Me meteré siempre al mar para así poderte abrazar.
Hoy te veo y siempre te veré en absolutamente todo. Quiero que lo sepas, querida mamá. Habitas en mis células y conmigo siempre estás.
De sólo imaginar que algún día no estarás, siento todo esto, y agradezco que hoy te lo pueda decir, que lo puedas leer y escuchar.
Tener a la muerte tan presente me lleva a mis seres queridos honrar, sea aquí o en el más allá. Si uno de los tuyos ya no está, te invito a escribirle una carta con todo aquello que te hubiera gustado decirle. Prender una velita y él/ella ahí estará. Expresarnos nos conecta, nos sana, nos ayuda a estar en paz. No nos quedemos con mensajes pendientes. Y si sigue aquí en la tierra por qué no entregarle una carta y nuestro amor mostrar.
Fue así como, en plena catarsis de luna llena, llegaron estas palabras para mi mamá.