La pirámide de Titi

Amo los lugares con alma. Son fáciles de identificar. Cuando entro a ellos me lleno de sensaciones y me pican las manos porque me piden pintar. Eso fue lo que pasó cuando conocí el interior de la pirámide de Titi de Col y su familia. No conocí a Titi y tampoco conozco a su familia, salvo a Marcela, con la que sólo he hablado por teléfono, y es encantadora. Sin embargo, en mi estadía aquí, en las pirámides de Titi, que es de cierta forma, una extensión de su hogar; y al haber pintado esta tarde el interior de la pirámide que ellos suelen habitar, siento he podido conocerlos. A las personas las encontramos en cada detalle: en cada marco, foto, gorro, vaso, sticker, cojín, sombrero, en cada cuerda amarrada en la intersección del encuentro entre los miles de bambús. Con cada línea, color y pincelada se abre la magia y así los lugares me hablan de los seres que ahí han habitado y los recuerdos que viven ahí. Pintar es observar, abrir el lente para sentir y ver más allá. Ellos son una familia muy especial. Gracias Marcela por haberme dado permiso para hacer este retrato. Esta acuarela es un regalo a ellos en agradecimiento por haber creado tan lindo lugar ¡Gracias por todo una vez más!