Dentro de nosotros hay mucha sabiduría esperando ser despertada. A mí me pasó con la pintura. Tuve que “morir” para así rendirme, entregarme al universo y dejar que este me guíe. Era enero del 2014.
Volví a nacer. Guiada por las preguntas existenciales de mi alma no podía parar de pintar, dibujar y escribir. Lo hacía desde las entrañas. El arte me atravesaba devolviéndome oxígeno. Mis dibujos me sorprendían, me conectaban con una parte de mí más grande que yo, para mí antes desconocida. Entré en una especie de trance. El tiempo se detuvo y viajé, viajé hacia dentro. Brasil, París, Indonesia. No importa. Necesitaba irme, ser un lienzo en blanco, que nadie supiera mi nombre ni hablara mi idioma. Cuando pinté mi primer mural en Tailandia no entendía cómo lo había hecho. Simplemente, sabía hacerlo. Los colores me guiaban, la misma obra me hablaba y mi cuerpo se movía al ritmo de ese espíritu que hoy puedo entender, también soy yo. En ese entonces todo esto me desconcertaba, me sentía un poco poseída. Recuerdo les mandaba fotos de mis obras a mis papás y ellos me decían: “Hija, pero ¿De dónde sabes pintar así?” (Cabe recalcar que yo me había formado como administradora de empresas). Mi respuesta era: “No tengo idea.” Me quedaba atónita mirando mis obras y me decía a mí misma: “Es oficial: no sé quién soy”. Me sentía tan pequeña y al mismo tiempo, enorme.
Después de varios años de estar en esta búsqueda existencial he llegado finalmente a reconocer que la vida es un camino espiritual, y que el arte es un canal para llegar a él. Somos todos almas que vienen a evolucionar y luego, se van.
De todo lo que he vivido lo que más sé es lo que soy, lo que nunca me enseñaron. Podemos aprender de otros siempre y cuando ese aprendizaje nos ayude a des-cubrir, a sacar a la luz esa sabiduría que ya llevamos dentro. Un maestro es el que despierta en ti a tu propio maestro. Acá todos lo somos. El reto está en tener la valentía de ir hacia dentro a conocerlo.
P.D: Esta foto es del año 2014, en la residencia de artistas donde vivía, en Chiang Mai (Tailandia). Ella fue mi primera obra de gran formato, titulada “Indonesia”.