Elbi. La vi primero en el mundo astral, así la conocí. Una voz invisible susurró su nombre a mi oído. La contacté, ella también me vio y en medio del valle sagrado me abrió las puertas de su corazón. Búho blanco, plumas y cantos. Ella no sólo viene del sur, sino también del norte, de sus ancestros, los indios americanos. Mujer mágica, símbolos antiguos. Ligereza, bondad, belleza. Sabiduría que camina. Pequeños detalles, con ellos te cautiva. Ritmo de caracol. Corazón de niña, mirada de anciana ¡Cuánto ha vivido! Ella ve más allá, es una chamana. Se ríe, salta, brinca. Riega sus fresas. Oso y raya de tigre, con ellos camina por la naturaleza. Mujer oráculo, abre el canal y mucho te puede mostrar. Es un placer poderla escuchar. Uno de sus aretes, el izquierdo, tiene vida propia. Este es nada más y nada menos que una hoja de coca. Chaupin ha sido su hogar. De ahí viene su linaje femenino, su madre, su abuela. Su ser curandero se le sale al natural. Por donde camina deja su luz al pasar.
Luego de tener la suerte de muchos días junto a ella estar, nació este portal. Elbi posó para mí y al terminar, la obra me pedía que la parta en la mitad. Hay un camino en el medio, un río o quizás, un pedazo de mar. Un corazón sobre su cabeza brilla de verdad. Su ser acoge a otros seres, tiene mucho para dar. Ella es Elbi: maga, mujer, niña, chamana, abuela y portal. Su ancestra curandera en el retrató nos visitó, una mujer de ojos claros también apareció. Hombre y mujer. Río y montaña. Al retratar el alma aparece mucho de lo que a simple vista no se ve, es por eso que pintar es un acto de magia.
Gracias Elbi por tu presencia por tu ser y tu alma. Nos volveremos a encontrar y espero vuelva a ser cerca de la montaña.