Me enseñaste a cortar la fruta sin tocarla. Cada mañana presente estás cuando voy a desayunar, en el corte de la papaya y el plátano que encima va. Sonrío. Cojo el cuchillo y al estarle quitando la cáscara y las pepitas a mi amada papaya, ella me habla de ti. Si hay personas conmigo les cuento cómo me enseñaste a cortar la fruta sin tocarla. Es una habilidad muy especial, casi un súper poder. Sonrío con orgullo, vienes a mí y me alegro una vez más.
Me enseñaste a ser considerada, a respetar el tiempo y el sueño de los demás, especialmente el de mi hermana Alejandra, que dormía 15 horas al día y yo, desesperada, no la podía despertar. Me enseñaste a ser ordenada con mis cuentas, a ser responsable, a ser generosa y al mismo tiempo, a saber ahorrar. Me abriste una cuenta en el banco cuando tenía 8 años de edad.
Me enseñaste a amar las matemáticas, a siempre la punta del lápiz afilar. Me enseñaste a limpiar el baño, el cuarto. Gracias a ti sé muy bien aspirar. Siempre con un libro en mano, poesía, francés o algo más, te veía con un lápiz resaltar. Hoy en día hago lo mismo, me veo en ti y sonrío una vez más.
Fuiste la impulsora de mi amor por el piano, el arte, la cultura, el francés, las lenguas, los números, la química, la espiritualidad.
Me enseñaste a decir siempre la verdad, a ser honesta. Me inculcaste principios claros y sanos. Me diste siempre permiso para que me pueda expresar.
Aunque en mi infancia tenía “kilitos de más” nunca me lo hiciste notar. A través de tu dulce comida supiste mi alma bien alimentar. Me cuidaste mucho y por eso estaré siempre agradecida, querida mamá.
Me inculcaste la importancia del deporte, de moverse, caminar, ir hasta la roca, amar la aventura, meterme siempre al mar.
Tu amor incondicional, tu espíritu joven y todas tus enseñanzas siempre me acompañan. Cada día, en los momentos cotidianos de los que finalmente está hecha la vida, ahí siempre estás: en la papaya que corto, el libro que resalto o simplemente al ver el mar.
Celebro a la gran maestra que me tocó como madre para atravesar esta vida terrenal.
Te entrego con mucho amor este homenaje a ti por tus 59 años de edad ¡Una vez más, gracias por todo querida mamá!