Mi madre es el mar

Mis dos papás, después de varios años de su separación, se volvieron a casar, el mismo año. Es como si sus vidas estuvieran sincronizadas. Mi mamá se casó con Juan José; mi papá, con Susan. Mi madre se iría a vivir a Arequipa con él y quería que yo también vaya con ellos. Yo tenía casi 15 años. Para mí no era una posibilidad. Estaba en tercero de media, en plena adolescencia, donde prima la construcción de una identidad, y por ende, la inseguridad y la necesidad de a un grupo pertenecer. No concebía la idea de separarme de mis amigas. Por otro lado, mi hermana Alejandra estaba por comenzar la universidad en Lima. No quería estar lejos de ella, mi hermana siempre ha sido mi más grande compañera. Surgió entonces la posibilidad de que viviera con mi papá y Susan. Mi mamá a pesar de su gran tristeza de no llevarme con ella, me dejó tomar la decisión y le agradezco enormemente por ello. No me forzó a nada e hizo posible que pueda conocer a mi padre desde otro lugar, uno más cercano, ya que de chica no tengo muchos recuerdos de la vida cotidiana con él. No tienen idea de cuánto puedo querer a mi mamá. De sólo escribirlo se me llenan los ojos de lágrimas. Es como si hubiera un amor que va más allá de lo terrenal. En el amor a mis padres percibo eternidad. Si bien sabía que la iba a extrañar, tenía también ganas de conocer más a mi papá, pasar más tiempo con él. Estaba emocionada. Recuerdo cuando me despedí de mi madre, antes de que parta, me dijo unas palabras que nunca olvidaré: “Maria José, cuando me extrañes, métete al mar. Ahí siempre me podrás encontrar…” Esta frase tan llena de sabiduría se tatuó en mi corazón y me acompaña hasta el día de hoy. En el mar encontramos a nuestra madre y encontramos a Dios, esa fuente infinita, inteligencia universal tan llena de amor. El mar nos abraza. El mar es mi madre y mi madre es el mar. Gracias mamá por ser como eres y por haberme dado a esa corta edad la libertad de escoger en qué ciudad quería habitar. Cada vez que veo el mar te recuerdo, y cuando entro en él, te abrazo. Para mí tú eres el mar.