Te fuiste sin avisar. Te escribí hace unos días porque estaba pensando mucho en ti. ¡Cómo olvidar tu linda amistad! Hoy me entero te has ido al más allá. Me has hecho llorar. Te voy a extrañar tanto. Imagino ahora a tu alma intrépida riendo a carcajadas, disfrutando del viaje que continúa. Realmente me pregunto dónde estarás.
Llegué a París hace cuatro años con muchas ganas de pintar. No tenía dónde hacerlo y el gran Choclo me recibió en su taller, y ni bien me conoció me dio una llave, la cual llevo conmigo en mi llavero siempre, para nunca olvidar el taller, para nunca olvidar París. El Choclo fue tan generoso conmigo. Me instruyó: “¿Los colores te dicen dónde van? Entonces eres pintora”, me decía sonriendo. Nos sentábamos en la mesa a dibujar. Pintábamos juntos escuchando música a todo volumen. Me reía a carcajadas de todo lo que se le ocurría. Él pintaba sus sueños. Sus personajes lo perseguían. Luego de pintar se iba a nadar. Íbamos a museos a dibujar. Al cine también: el Choclo era un gran cinéfilo. Gran escritor. Comíamos papas fritas con kétchup en la mitad de las calles parisinas. Me paseaba en su linda bicicleta, yo iba en la canasta de atrás, como si tuviera 5 años de edad. “París es para ir en bicicleta”. Denunciaba que pueda siquiera movilizarme en metro: para él, un delito. Me llevaba a huecos recónditos a comprar mis pinceles: “Esos que sólo venden acá”, me decía. Después de pintar preparábamos pasta. Una copa de vino. Me leía sus escritos. Me alentaba en el camino. Siempre me alentó. Sus grandes consejos resonarán siempre en mi trabajo, en mi taller y en mi corazón.
Para mí el Choclo ha sido un gran guía, un gran amigo en este camino existencial.
El Choclo era un ser sin edad, siempre joven, siempre vital.
Todo el tiempo con una sonrisa, él era un gozador de la vida. Aunque también tenía su genio, de vez en cuando podías encontrarlo mandando a la #$%**% a algún ser si alguna situación injusta tenía lugar.
Un ser auténtico, un ser especial, una gran persona, un gran pintor.
Una frase que llevo conmigo y que él siempre repetía en voz alta:
“La vida: tan linda, pero tan puta.”
Y así, tal cual la frase, tal cual se fue.
Tan %$@$%# la vida que nos dejó sin el gran Choclo.
Querido amigo, te llevo en mi corazón, te voy a extrañar, espero volverte a ver y juntos volver a pintar.
Pueden ver su obra en la siguiente página, la cual yo administro. Colgaré ahí las fotos que tengo de sus obras.