Yo he estado en el hoyo, ahí: bien abajo. Año 2013: el más difícil que he tenido en mi vida. Profunda tristeza, ansiedad de existir, angustia, insomnio. Pude saborear la muerte estando aún “viva”. El mundo se derrumbaba afuera y adentro de mí. En las noches no podía dormir. 365 días. Empecé a enloquecer. Sólo lloraba. Perdí la vergüenza. Lloraba en el bus, en la calle, donde sea. “¿Cómo estás?” – “Mal, muy mal”- respondía. Me volví adicta a los ansiolíticos. Aún así, no dormía. En vez de eso, lloraba. Lloraba a mares todo lo que mi alma no se había dado el permiso de ver y de sentir. No sabía si era de día o de noche. Me daba igual. Yo, me estaba muriendo.
Fue esa profunda depresión la que me llevó a abandonarlo todo e ir en búsqueda de las preguntas más honestas que siempre estuvieron en mi alma: ¿Quién soy?¿Por qué existe la enfermedad, la muerte, el dolor? ¿De qué se trata la existencia? … Porque caramba, en ese entonces ¡Existir, cómo me pesaba!
Para mí la vida había perdido el sentido.
Más de un año en este infierno me impulsó a reunir todas las fuerzas que me quedaban en el espíritu para vivir mis preguntas, para darme la oportunidad de decirle sí a la vida. Salí de Lima. Estaba aterrada. Agarré al miedo de la mano y le dije: ¡Vamos %$xy$! (Tuve que ponerme firme). La ansiedad aún estaba. El insomnio aparecía y desaparecía; los ansiolíticos, también. Empecé a viajar. El arte llegó, y me respondía. Me hacía entender. En resumen: mi espíritu se despertó.
Ha sido un camino muy largo. Ya son 9 años desde esa “muerte”. Y yo sigo aquí viviendo esas preguntas. Gracias a lo caminado, ya estoy en otro lugar. Esta crisis me ha guiado a conocerme; a amistarme con la muerte, con la incertidumbre, con la ansiedad; a ampliar mi panorama; a cambiar de vida.
Y en este proceso que continúa mi mayor aliada ha sido la paciencia. Entender que los cambios no se dan de un día para el otro. Que el día que plantas la semilla no es el día que comes el fruto. Habrán días que riegas, habrán también tormentas (a veces aluviones). En este camino de sanar, hasta el día de hoy, mi mayor aprendizaje es este: “Todo es paciencia”. Frase que tomo del gran poeta Rainer María Rilke. Me hace mucho bien cada día poderla recordar. (1 de agosto del 2022)