Un domingo en cuarentena

Es domingo en cuarentena. He estado viendo una serie francesa que cuenta la historia de un incendio que hubo en “El bazar de la caridad”, en París, en 1897. Murieron mucho más mujeres que hombres. Fue terrible. Termino de ver el segundo capítulo y ya no puedo más. Me voy a la cocina. Necesitaba azúcar y sólo tenía cacao y leche condensada. Me pongo a preparar fudge. En el proceso me quemo el dedo, al quererlo probar me quemo también un poco la lengua. Me detengo. Pienso en la eternidad. Siento que yo he podido haber muerto ahí también. En otras vidas he sido francesa. Voy hacia la ventana, en mi departamento no tengo balcón. Saco la cabeza para respirar oxígeno. Ausencia de ruido, no hay carros. Sonrío. Se siente también mucha tranquilidad. De pronto me invade una sensación de querer salir a caminar, pero no puedo. Camino por los metros cuadrados de mi sala. Voy a meditar. Inhalo y exhalo. Sensación de claustro. Me observo. Respiro lentamente. Me tranquilizo. Vuelvo a mí. Cojo mi computadora y me pongo a escribir estas líneas. Hoy me ha hecho falta caminar, me gusta caminar, el agua de mi cuerpo se mueve y al hacerlo, me convierto en río.
Menuda ochentena, tiempo eterno que nos invita a la quietud sagrada. Retiro de silencio. Tiempo de volverse a gestar para una vez más, volvernos a parir.
La muerte está muy presente en el ambiente; así como en la serie que estoy viendo. No sé si vea los capítulos que faltan. La vida es tan maravillosa. Me parece inaudito que no podamos salir a caminar. De todas formas recuerdo: el mundo entero se encuentra dentro de mí. La respiración consciente es movimiento. Vuelvo a sonreír. Son tiempos de reflexión, introspección, creación. Dejar de lado lo que nos lastima (pensamientos, sentimientos) y decidir amarnos, a nosotros mismos. Hacer limonada con los limones que la vida nos da. Al salir de esto no volveremos a ser los mismos. Seremos más humanos, más conscientes, más amables, más agradecidos. Apreciaremos más cada abrazo, cada paso al caminar o el simple hecho de meter un pie en el mar. Salud por eso.
Ahora procederé a moverme y bailar. Como artistas que somos siempre podemos responder a lo que nos sucede. ¡Una vez más SALUD, con agua nomás! Feliz ochentena a todos, con sus subidas y bajadas. Es un viaje que aunque algunos días nos rete, podemos disfrutar.